Desde
hace algún tiempo, está naciendo en África un nuevo destino turístico. Se
trata de Gabón, una pequeña pero próspera nación de África ecuatorial que
hasta ahora no había suscitado el interés de la industria turística mundial.
A pesar de
su elevado nivel de vida (el mayor de África negra) y de su relativa seguridad
y estabilidad, el país era un destino sólo para el turismo de negocios, y una
atracción para los familiares de la importante colonia de europeos que vive
aquí.
El
país está cubierto en su mayor parte por la selva ecuatorial africana. Y fuera
de un tren transnacional mantenido gracias a un presupuesto faraónico y un
servicio de modernos hidrodeslizadores entre la capital política, Libreville,
y la económica, Port Gentil, no cuenta con infraestructuras para desarrollar
un turismo masivo.
Sin embargo,
atractivos no le faltan. Una abundante fauna, paisaje de gran belleza que
combina selvas, montañas, cataratas, costas con playas de arena blanca y la
ciudad de Lambaréné, donde se mantiene vivo el recuerdo del doctor Albert
Schweitzer, una de las figuras ejemplares del siglo XX.
Llegar
a Lambaréné es toda una aventura. Al salir de la periferia de Libreville el
asfalto desaparece y el sendero empieza a abrirse camino en medio de la selva.
En las temporadas de lluvia es de difícil acceso, y conviene transitar en
grupos de vehículos, ya que no es raro que alguno quede atascado al borde del
camino.
Los enormes
grumiers, camiones con largos acoplados que trasladan grandes troncos desde la
selva, vuelven la ruta aún más insegura. El tren de Libreville a Franceville
hubiera sido una buena opción, pero su trazado desdeña Lambaréné, y pasa más
al norte por las ciudades de Ndjolé y Booué. En temporada seca, de mayo a
septiembre, se puede hacer el camino en aproximadamente medio día.
En el
trayecto es posible tener una primera apreciación de la vida en la gran selva:
en los claros aparecen pequeños pueblos, y cada tanto, sobre grandes perchas
de madera clavadas en el piso, los cazadores muestran sus presas, que venderán
a proveedores de los mercados de Libreville y Port Gentil.
La llegada a
Lambaréné puede ser decepcionante. No es en verdad un pueblo de casitas en un
claro del bosque, como se puede imaginar desde otras latitudes; tampoco es una
gran ciudad. Su vida discurre paralela al río Ogooué, que corre
majestuosamente, y forma una gran cantidad de islas donde se concentran
pájaros.
La
vida es provinciana, tranquila, y desde ahí incluso la pequeña Libreville
tiene ecos de una gran metrópoli. Se visita Lambaréné por su hospital, y los
recuerdos que legó el doctor Albert Schweitzer. Al recordar la vida de este
médico nacido en Alsacia en 1875, cuando la región francesa estaba ocupada por
el Imperio Alemán, no se puede sino pensar en la obra de Gilbert Cesbron
publicada en 1952, que derivó en la película homónima de André Haguet, Es
medianoche, doctor Schweitzer . El título recuerda lo que le decía su
enfermera al médico, a la medianoche, interrumpiendo sus prácticas de órgano.
Antes de dedicarse a la medicina, Schweitzer había sido un destacado
intérprete de Bach, y durante sus años en Lambaréné el órgano fue el único
lujo que se permitió.
Una cruz de
madera
Hoy, el moderno hospital de Lambaréné es un centro médico de renombre
internacional, a la vanguardia en el tratamiento de enfermedades tropicales. A
pasos de sus edificios, como un museo al aire libre, se pueden visitar las
instalaciones del hospital del doctor Schweitzer.
El médico
llegó en 1913 y empezó a construir un primer centro de salud a orillas del
río, para facilitar el acceso. El hospital, que creció con el tiempo y se
convirtió en una pequeña ciudad, funcionó hasta 1981, mucho tiempo después de
la muerte del Doctor Blanco, ocurrida en 1965.
Desde 2003
se reacondicionó el conjunto para ofrecer más opciones de visitas a los
turistas, y se armó en una de las casas el Museo Albert Schweitzer, que hoy es
uno de los únicos ecomuseos de Africa, a cargo de la Fondation Internationale
de l Hôpital du Dr. Albert Schweitzer.
Una
de las novedades es la posibilidad de pernoctar en el conjunto del pueblo
hospitalario, en monoambientes o en dormitorios comunes.
La casa de
Schweitzer fue transformada en museo, y se mantuvieron en el estado original
su habitación, la de su esposa, y la biblioteca, donde está su famoso órgano.
Las demás casas están casi todas alineadas sobre la calle que atraviesa todo
el hospital. Algunas fueron refaccionadas para ampliar el museo.
En la Grande
Pharmacie, el edificio central del complejo, se instala una muestra histórica
sobre el hospital que funcionó de 1913 a 1981, y sobre el nuevo que funciona
desde 1974. Una de las salas informa sobre las enfermedades tropicales, un
tema que no debería desdeñar nadie que se decida a hacer este viaje. Se
proponen además varios recorridos temáticos. Sin embargo, el momento más
emotivo es cuando uno llega a su tumba, en un rincón del pueblo, marcada con
una humilde cruz de madera. Muy cerca, un majestuoso Ogooué pone una nota de
dignidad a los sentimientos que surgen frente a esta obra humanitaria en lo
más denso de la selva.
Para conocer
otra faceta de Lambaréné se pueden realizar paseos en piraguas por el río, y
avistar pelícanos, entre otras aves, y además con un poco de suerte, ver
algunos hipopótamos. Fuera del centro de la ciudad, y si no fuera por el
moderno hospital, el tiempo no parece haber pasado a orillas del río. Los
chicos siguen jugando y llamando a las piraguas, mientras las mujeres lavan la
ropa y a lo lejos parece sonar todavía el eco de la campana del pueblo…
Otro momento mágico es sentarse a orillas del río para esperar la caída del
sol, que ocurre invariablemente a las 6 de la tarde todo el año, y oír los
ruidos de la selva, que llegan hasta el museo. En otros tiempos, el viento
traía a los leprosos y otros enfermos las notas de Bach que el médico tocaba
hasta la medianoche, cuando su enfermera le avisaba: “Es la medianoche, doctor
Schweitzer”.
Desde 2002,
Gabón anunció la creación de una docena de parques nacionales para proteger
más de un 11 por ciento de su territorio (el porcentaje más elevado del
mundo).
Gabón está
trabajando para desarrollar una oferta de opciones de ecoturismo.
Por ahora,
la acción se concentra en los parques nacionales de Lopé, en el corazón del
país, y de Loango, sobre la costa atlántica, al sur del ecuador.
Se
pueden avistar elefantes, búfalos y simios, como chimpancés y gorilas. También
se observan muchas aves, y se aprende a reconocer los árboles de la selva
ecuatorial.
DATOS UTILES
Cómo llegar
Hay vuelos directos desde París por Air France y Air Gabon.
Dónde
hospedarse
Hotel Le
Méridien Re-Ndma
Ubicado
en el corazón de Libreville y frente al Océano Atlántico, Le Méridien Re-Ndama
se encuentra en el estuario del Río Komo. Libreville, capital de Gabón, ofrece
una variedad de lugares para recorrer, entre ellos el Distrito del Vidrio, el
área industrial de Oloumi y Quartier Louis.
El hotel cuenta con seis salas para reuniones con capacidad
hasta para 280 personas, un amplio gimnasio, canchas de tenis y una piscina al
aire libre.
El hotel está a una corta distancia de los sitios famosos de
Libreville, entre ellos el Museo de Arte y Cultura, las playas de Pointe Denis
y el mercado artesanal, el Palacio Presidencial y la arquitectura de la
iglesia L’Eglise St-Michel.
PO Box 4064 · Libreville · Gabón
Teléfono: (241) 766161
Para visitar
en Gabón
El principal parque es el de Loango, en el Sur, sobre la costa atlántica. Se
pueden ver ballenas, elefantes, búfalos e hipopótamos. En Libreville, se
visita la capilla de madera tallada de Saint Michel de Nkembo; el Museo de
Artes y Tradiciones Populares; el mercado del Mont-Bouët; la selva de Mondah,
a 15 kilómetros del centro de la ciudad. También hay que viajar en el
Transgabonais, el tren que cruza el país y atraviesa la selva y el ecuador,
hasta Franceville, en el Sudeste.
Informes
www.legabon.org
http://tourisme.gabon.free.fr
http://schweitzerlambarene.net
JUAN LUJÁN. Peridista.
Miembro de Fijet. Miembro de FijetEspaña. Director de
Crónica del Turismo