Miedo a volar
Carlos Zerdán, piloto retirado y psicólogo
Introducción
Síntomas
Herman Hesse decía: "La raiz de todos nuestros miedos es la
ignorancia".
¿Cómo opera el método
terapéutico de los cursos para superar el miedo a volar?
Conclusiones
Introducción
En
Estados Unidos, en un período de tres meses, mueren más personas en
accidentes de transito que las que han muerto en aviones comerciales
durante los últimos cuarenta años. Volar es considerado uno de los medios
más seguros de transporte público; en verdad, es 29 veces más seguro que
conducir un automóvil, pero las estadísticas por sí solas no explican de
modo completo esa realidad.
Estos
atributos de seguridad que caracterizan a la aviación moderna, obedecen no
solo a la sofisticación científica y tecnológica aplicada en la
construcción de aviones cada vez más precisos y confiables. Varios y
diversos son los aspectos involucrados para hacer posible éste nivel de
seguridad.
A la moderna tecnología, se suma la pericia técnica de los mecánicos, la
capacidad de pilotos altamente entrenados, la eficacia de los despachantes
operativos, la precisión de los controladores de vuelo, los modernos
sistemas de análisis y pronóstico meteorológico, etc., todo lo cual hace
posible que volar sea una rutina agradable y segura.
No obstante, sabemos que todos estos datos parecen no ser suficientes para
un número muy elevado de personas que sienten temor o inquietud al momento
de tener que viajar por avión. Y muchas son las que finalizan
desarrollando una fobia al vuelo.
Caracterizada por un temor exagerado -consciente e incontrolable-, una
fobia es paralizante ante ciertas situaciones, objetos o animales, por lo
que puede cambiar la vida de quien la sufre, ya que implica una limitación
de orden tanto personal como profesional.
Las personas fóbicas son concientes de que la intensidad del miedo es
enfermizo, irracional y absurdo, no obstante lo cual no son capaces de
controlarlo. Ese es el significado de la limitación: cuando el miedo es
más poderoso que el deseo, muchos objetivos de nuestra vida dejan de ser
posibles.
Existen diversos tipos de fobias, y algunas son específicas, como la fobia
a ciertos animales, lugares, insectos, o bien a volar. El miedo a volar es
un problema importante, dado que afecta a muchos pasajeros: el 10% de
ellos lo padece con intensidad severa, mientras que un 20% lo experimenta
más moderadamente.

Síntomas
La
fobia a volar posee varios componentes, entre los que se destacan el temor
a las alturas, a los espacios cerrados, a las multitudes, tener que
esperar con paciencia, no comprender las extrañas maniobras, ruidos y
sensaciones que ocurren durante el vuelo, tener excesiva preocupación por
la turbulencia, depender de un medio mecánico desconocido del cual pende
nuestra vida, depender de la experiencia y capacidad de los pilotos,
sentir que no se tiene el control de lo que ocurre, etc. Las personas que
tienen miedo intenso a volar experimentan síntomas sumamente
desagradables, entre los que se destacan:
Fisiológicos:
Palpitaciones, dolor en el pecho
Dificultad
para respirar, respiración agitada
Tensión
muscular, temblores
Molestia en
el estomago e intestinos
Sudor,
mareo, debilidad, hormigueos, sequedad de la boca, y rostro pálido
Psicológicos:
Fallos en
la memoria
Reducción
del campo perceptivo
Disminución
de la capacidad cognitiva
Expectativas negativas
Pensamientos orientados a la auto-preservación
Temor a la
pérdida del propio control
Este
tipo de síntomas son característicos de un ataque de ansiedad, y los puede
experimentar cualquier persona en situaciones distintas del vuelo; pero
existe una diferencia: que no se siente tan incapacitada como se sienten
quienes los experimentan cuando están a bordo de una aeronave, dado que
allí se sienten absolutamente impotentes.
En
realidad, esta es la llave del problema, por que en otras situaciones una
persona siente que tiene más libertad para cambiar las cosas: si se siente
mal en el coche, puede abrir la ventanilla, puede hablarle al conductor o,
incluso, puede ser quien se encuentre conduciendo.
Viajando por tren o autobús, la gente tiene menos problemas que cuando
viaja por avión, dado que siente que tiene más posibilidad de superar la
situación. En cambio, cuando vuelan, creen que pueden quedar atrapadas en
el avión hasta que éste aterrice, de forma tal que no disponen de ninguna
variable para resolver el problema. Entonces el miedo se apodera de ellas
y puede crecer hasta llegar a un ataque de pánico.
Estas
personas tienen propensión al desarrollo de ansiedad, y dedican demasiado
tiempo a estar preocupadas con temores acerca del vuelo, mucho tiempo
antes de que el mismo suceda. Para ellas, el martirio de volar puede
comenzar meses antes de la partida. A ello suelen seguirle auto-reproches,
por sentir que son débiles, o por que fallan en el intento de sobreponerse
al miedo.
El
miedo a volar es un miedo infundado cuyo origen remite a fuentes múltiples
y diversas. A una posible tendencia genética a padecer trastornos de
ansiedad, se puede sumar la eventualidad de que la persona afectada tenga
que volar por compromisos laborales, familiares, etc., lo cual es vivido
como algo atormentador, por lo que se intensifica el problema. Por otro
lado, también es posible que el avión sea inconscientemente utilizado como
pantalla sobre la cual se proyectan conflictos no resueltos.
En algunos casos, estas personas deciden no insistir más con el tema del
vuelo. Una vez que les sobrepasa y que no pueden sobreponerse al mismo, el
miedo se convierte en una fobia.
El
miedo patológico implica que hay una percepción amenazante de la realidad
cuando, en verdad, no existe tal amenaza. Éste es el meollo del problema
de las personas que tienen miedo a volar: la percepción de un excesivo
peligro allí donde, precisamente, existe un alto nivel de seguridad, por
lo que se trata de un desajuste perceptivo, producido por múltiples
causas.
Diariamente, en todo el mundo, más de cuatro millones de personas vuelan
con seguridad en un avión comercial. En el 2006, en España, unas cien
millones de personas optaron por el avión como medio de transporte, y
ninguna de ellas ha sufrido daño alguno. Por contraste, más de cuatro mil
personas murieron en los más de cien mil accidentes automovilísticos que
se produjeron en las carreteras. Estas cifras son más que suficientes para
comprender lo seguro que es viajar por avión, en relación a hacerlo en
automóvil. No obstante, las personas que tienen miedo a volar dicen que se
sienten más seguras cuando conducen su coche, debido a que creen que ellas
"tienen el control del mismo".
Es
que - en relación al objeto temido -, el sistema perceptivo de una
persona que tiene miedo patológico funciona del mismo modo como funciona
el de los teóricos ortodoxos, para quienes los hechos son menos
importantes que las teorías que defienden. El miedo a volar produce
preocupación excesiva e injustificada; los pasajeros que temen a los
aviones tienen excesiva inquietud y una elevada sensación de inseguridad.
Sienten que están en un serio peligro, y que pueden perder el control. La
sensación de extrañeza, temor a perder el control, incertidumbre, y
sospechas, son manifestaciones normales a un cuadro de ansiedad.
Los trastornos basados en el miedo tienen una estrategia común redundante:
la evitación de todas las situaciones o condiciones que puedan ser
asociadas al surgimiento del temor incontrolable. Si éste tipo de miedo no
es tratado, puede dar lugar al desarrollo de una fobia.
Es el caso de muchos pasajeros que vuelan intentando sobreponerse y
superar el miedo que le tienen al avión, y que finalizan por renunciar a
la idea de volver a intentarlo. Desconocen que el reiterado intento por
controlar el miedo es lo que fuerza.
Otra de las características de los trastornos de ansiedad es una especial
tendencia a recordar cosas desagradables. Y, tratándose de tener que
viajar por avión, se destacan aquellos datos que resultan especialmente
alarmantes en relación al riesgo, accidentes de aviación y cualquier
peligro relacionado con las alturas. La duración del vuelo mantiene a
estas personas en un constante estado de "falsa alarma", que los hace
enfocar continuamente su percepción de un modo exclusivo hacia el peligro.
Estos desajustes perceptivos pueden comenzar unos días antes del vuelo,
provocando disminución en la atención y la concentración en aspectos más
directos e importantes, de modo que son frecuentes los despistes y
descuidos. Y todo ello contribuye a que se incremente el nivel de fastidio
y la sensación de incertidumbre. Una vez en vuelo, el mayor grado de miedo
o intranquilidad se manifiesta durante el despegue del avión, mientras que
el aterrizaje, ingresar en la cabina o deambular durante el vuelo, tienen
una puntuación más baja en la escala.
Otra situación que eleva los síntomas de ansiedad es el vuelo en áreas de
turbulencia. Desde luego que se trata de un fenómeno desagradable, pero lo
cierto es que la turbulencia no afecta la seguridad del vuelo.

Herman Hesse decía: "La raiz de todos
nuestros miedos es la ignorancia".
Y
es cierto, uno le teme, ante nada, a lo desconocido. Distinguimos la
diferencia que existe entre una fobia y la ansiedad. Mientras que la
primera es producto del miedo producido por una forma de percepción
distorsionada, la segunda es la reacción psicológica y fisiológica que esa
percepción produce. La resultante sintomática se produce toda vez que
existe una proximidad al objeto o situación temidos. Y éste es
posiblemente el problema de muchos que temen volar: que lo que les altera
no es el temor al vuelo en sí mismo, sino el miedo a experimentar los
síntomas psicológicos y fisiológicos que la ansiedad produce.
Lo que más temen es la pérdida de su propio control. Suelen medicarse con
ansiolíticos, a fin de atenuar los síntomas somáticos, pero el problema es
que la medicación aminora el síntoma, pero no extingue al miedo. De modo
que comienzan a sentir miedo no solo al avión, sino también miedo a tener
miedo dentro del mismo.
Ocurre que la realidad, distorsionada por el mecanismo perceptivo, se pone
a disposición del miedo. Por lo tanto, si existe un temor excesivamente
elevado ante un objeto o situación que en verdad no son peligrosos, la
terapia aplicada para su tratamiento debe poseer una metodología que
tienda a la reestructuración perceptiva de la persona afectada, por un
lado, mientras que le enseñe a controlar la sintomatología de la ansiedad,
por el otro.
Ese es el fundamento metodológico que poseen los cursos que se dictan para
superar el temor a volar, en los cuales no se pretende modificar
directamente el significado que la persona ha depositado sobre el objeto
temido. Dado que quienes asisten a estos cursos privilegian el peligro que
para ellos representa el transporte aéreo, la premisa es que ese temor -
si bien no lógico - tiene su propio fundamento, real o imaginario, de modo
que se respetan las creencias de quienes participan en ellos. Luego,
gradualmente, mediante la entrega de información, van obteniendo nuevos
conocimientos, los cuales van produciendo un cambio en la posición del
observador, por lo que se logra una modificación del esquema perceptivo, y
es así cómo el objeto desconocido, peligroso e inseguro, se convierte en
un objeto conocido, familiar y seguro.
¿Cómo
opera el método terapéutico de los cursos para superar el miedo a volar?
Percepción
y realidad no siempre son equivalentes. La forma como interpretamos las
cosas, las personas o las situaciones, depende de la información que
tenemos acerca de ellas. De modo que, ante una misma realidad, es el marco
perceptivo el que decide, modifica, o altera su significado. Nuestra
personalidad, la información que tenemos, y nuestras creencias, definen
nuestra posición biológica, psicológica y existencial ante los hechos y
las cosas. Determinan nuestra actitud ante la vida. De modo que no son las
cosas mismas las que alteran nuestra conducta, sino el modo cómo las
interpretamos.
A
diferencia del Psicoanálisis, que funda su método en el esfuerzo por
recordar los contenidos reprimidos de la infancia - a fin de hallar
elementos sofocados que expliquen el motivo de la fobia -, el trabajo
terapéutico de los cursos para afrontar el problema del vuelo apunta a una
resignificación del objeto temido, a través del desarrollo de otro marco
perceptivo, otro punto de vista, con el cual poder observar una realidad
que ha sido distorsionada por el temor.
Si
se trabaja solo para inhibir la ansiedad, la persona afectada puede
sentirse mejor, pero luego, dado que la percepción del miedo continúa
existiendo y extendiéndose, podría perder nuevamente el control, y
comenzar a desconfiar en sus propios recursos. Por lo tanto, la técnica se
basa en el afrontamiento al objeto temido, para lo cual se brinda
información correcta acerca del mismo, por un lado, mientras se enseña el
fundamento psicológico de los miedos disfuncionales, sus causas,
sintomatología, y cómo superarlos, por el otro.
De esta manera, se ayuda a que los participantes conozcan y comprendan sus
propias emociones, al tiempo que aprenden a observar al objeto temido
desde otra perspectiva, aplicando sobre él nuevos significados, más
amplios y abarcadores. El propósito es codificar de nuevo la realidad; y
ello, en suma, se traduce en un crecimiento interior. Es que, al romper
con la estructura perceptiva disfuncional de estas personas, se
desbloquea su conducta reactiva, pero no solo en lo relacionado al vuelo,
sino también en muchos otros aspectos de sus vidas, por lo que los
resultados positivos tienen un efecto multiplicador.
La
buena información otorga poder, así, nos otorga el poder de analizar,
estudiar, comprender, modificar, crear, y también el poder de aceptar, o
bien de rechazar, una creencia. Y lo que los cursos para perder el miedo a
volar brindan es información, conocimientos, para que quienes tienen ese
temor puedan saber por qué se produce el miedo, cuáles son las estructuras
cerebrales implicadas, por qué se dispara la ansiedad, y qué pueden hacer
para controlarla.
Por otro lado, adquieren conocimientos acerca del avión, que les ayuda a
comprender por qué es tan seguro volar, así como lo que ocurre en cada
fase del vuelo, desde antes de abordar el avión, hasta su arribo. De ese
modo, la percepción disfuncional, fuertemente estructurada (como es la
fantasía de que morirán si viajan por avión), es desplazada por un nuevo
esquema perceptivo, más realista y funcional: que nada habrá de
ocurrirles, por que el avión es el mejor medio de transporte por el que
pueden optar. De forma que todo lo que aprenden quienes concurren no es
para explicarlo, sino para practicarlo.

Conclusiones
Entre
un 15 % y un 20% de las personas padece, o padecerá a lo largo de su vida,
problemas relacionados con la ansiedad, de una magnitud tal que requieren
tratamiento, dado que la mejora espontánea es improbable. En la mayoría de
los casos, de no ser tratada, la ansiedad tiende a mantenerse, e incluso a
extenderse y generalizarse, pudiendo llegar al cuadro que clínicamente
clasificamos como un trastorno de ansiedad generalizado. De cualquier
forma, cuando estamos en presencia de un miedo simple y específico, como
es el miedo a volar, el tratamiento, además de preventivo, es sencillo y
muy eficaz.
Tratar de sobreponerse a base de fuerza de voluntad, como piensan algunas
personas, no es efectivo, y desear que los síntomas desaparezcan no da
resultado. Por otro lado, el alcohol y las drogas son un paliativo
transitorio que calma los síntomas, pero alterando la capacidad del
sistema cognitivo, y sin lograr la solución del problema en su raíz. De
modo que lo recomendable es que quienes desean superar ese temor, deben
acompañar la medicación con la ayuda de un tratamiento profesional.
Por
de pronto, a la hora de viajar por avión, es mejor optar por volar en
empresas de reconocido prestigio.
La
experiencia, el control y el mantenimiento sistemático del material de
vuelo, sumado a un alto nivel de exigencia y rendimiento profesional,
otorga una garantía adicional, que va más allá de la mera estadística que
dice que el transporte aéreo es el más seguro de todos.

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