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Las
Islas Afortunadas
Extensas playas, profundos valles, pequeños desiertos, ardientes
volcanes y altas montañas dibujan un continente en miniatura
formado por siete islas, siete islas que encierran una variedad
difícilmente imaginable en tan reducido territorio.
Hubo
un tiempo en que la leyenda envolvió a las Islas Canarias. Los
antiguos griegos, como Homero y Hesíodo citaron en sus escritos
unas islas, localizadas más allá de las Columnas de Hércules
(Estrecho de Gibraltar), a las que llamaron Campos Elíseos y
Hespérides, por representar el paraíso soñado. Platón situó por
estos lares la legendaria Atlántida. En tiempo de Roma se
tuvieron noticias de estas tierras, e incluso Plinio hizo
referencias a ellas en sus escritos llamándolas Afortunadas,
calificativo que ha perdurado hasta nuestros días.
Herederas de una cultura en la que se funden Europa, América y
África, poseen 1.500 kilómetros de costa abiertos de par en par
al azul intenso del Océano Atlántico. Su particular posición
cerca del Trópico de Cáncer hace de sus suaves temperaturas un
reclamo para millones de turistas. Pero ya atrajeron en su
momento a los míticos guanches, hombres adoradores del Sol, la
Luna y las montañas, que vivían en las islas cuando llegaron a
ella los europeos en el siglo XIV.
Acércate a estas islas de la eterna primavera, donde la historia
se mantiene viva a través de sus piedras, piedras que todavía
hablan de culturas aborígenes y de hazañas marinas. Saborea sus
leyendas, pero disfruta de sus tradiciones vivas como el
jubiloso carnaval. Déjate envolver por la suavidad de los
vientos alisios, causantes del milagro climático de las islas y
empápate con la llamada "lluvia horizontal". Bienvenido al
Paraíso.
DOS PEQUEÑAS DESCONOCIDAS
Paisajes negros de lava e inmensas playas de arenas doradas y
blanca espuma conforman el paisaje de
El Hierro y
Fuerteventura.
Disfruta con sus múltiples encantos.
El
Hierro,
considerado como el fin del mundo conocido hasta el
descubrimiento de América, por donde desde el siglo II pasaba el
Meridiano Cero hasta que en 1883 se situó en Greenwich, es la
pequeña desconocida de Las Canarias. Esta isla, donde el tiempo
parece correr más lentamente, parece vivir absorta en sus
ancestrales leyendas: la mítica isla San Borondón, que
aparece y desaparece en el océano o el árbol Garoé, que
abastecía de agua a los antiguos pobladores bimbaches. Sus
espectaculares acantilados y las retorcidas formaciones de lava
contrastan con la llanura central, donde crecen acariciados por
el viento los brezos, las sabinas y los pinos canarios. De
sopetón estas llanuras te llevarán a la tremenda depresión de
El Golfo, un semicirco que se desploma hacia el mar desde
más de 700 metros de altura. Haz una visita a Valverde,
la única capital de todo el archipiélago que no está junto al
mar o sumérgete en sus bellos fondos marinos que albergan
túneles de lava, misteriosas cuevas y restos de galeones
hundidos. Piérdete en el fin del mundo.
Definida
por
Miguel de Unamuno como
"roca espiritual" por el embrujo que posee,
Fuerteventura se
extiende como un mágico desierto sobre el Atlántico. Sus
extensas playas de aguas azul turquesa, como las de Jandía
y Corralejos, son el paraíso de submarinistas, turistas y
surfistas. Desde el pintoresco pueblo pesquero de Corralejos
podrás coger un barco hacia la preciosa y solitaria isla de
Lobos. Las solitarias llanuras de la isla se ven salpicadas
de molinos de viento y en sus montañas encontrarás bonitos
pueblos como Antigua, Pájara o Betancuria,
sin olvidar a la capital, Puerto del Rosario.
UN PASEO POR LA LUNA
Pasear por algunos de los parajes de estas islas es como estar
paseando por la Luna.
Tenerife,
Lanzarote y
La Palma te
esperan con los brazos abiertos para que descubras todas sus
maravillas a través de sus Parques Nacionales.
Tenerife es
una tierra de contrastes y colores, entre el verde y
húmedo
norte y el ocre y seco sur. El Puerto de la Cruz es un
ejemplo de sol y mar a los pies del valle de la Orotava.
En este enclave turístico podrás disfrutar de sus maravillosas
playas, del Lago Martiánez y del Loro Parque. Pero
el imán de Tenerife es el imponente volcán del Teide, situado
dentro del Parque Nacional del Teide. Desde las zonas
turísticas de La Laguna y Los Cristianos se puede
acceder al parque. Un teleférico parte de la base del Teide y en
8 minutos te lleva hasta La Rambleta, a 3.555 m, desde
donde podrás llegar a pie hasta el cráter del volcán. Dentro del
Parque podrás pasear por numerosos senderos que te llevarán
hasta los Roques de García o la Cueva de los Cazadores.
En la localidad de Icod de los Vinos podrás admirar el
Drago Milenario, auténtico emblema de Tenerife.
Al
contemplar la exuberante naturaleza de la isla de
La Palma es
fácil entender por qué entre los canarios se la conoce como "la
isla bonita". El Parque Nacional de la Caldera de Taburiente,
gigantesca depresión de origen volcánico, es una buena muestra
de ello. En su interior, en sus profundos barrancos, enhiestos
roques y verticales paredes, crece un universo vegetal y animal
único en el mundo, que impresiona por sus dimensiones y
aislamiento, sólo roto por las voces de los turistas y el
susurro de las aguas que por el Parque fluyen. Se puede acceder
a ella desde las localidades de los Llanos de Aridane y
El Paso. Los miradores de La Cumbrecita, Las Chozas y
el Roque de los Muchachos, te permitirán observar tanta
maravilla en toda su dimensión. En el Roque de los Muchachos se
encuentra un observatorio astrofísico.
El
Parque Nacional de Timanfaya, en
Lanzarote,
es una tierra de volcanes que aún quema los pies y que te dará
la sensación de estar dando un paseo por la Luna. Rodeado de
magma, lava y cenizas podrás realizar una excursión en camello o
en autobús por todo el parque, de una hora de duración, que
parte desde el islote de Hilario. Dentro del Parque se
encuentra El Golfo, un entrante de mar aislado por un
acantilado de origen volcánico que envuelve una playa negra como
el tizón y con el agua de un verde inquietante. Bello y
sobrecogedor, este paraje volcánico seguro que no te dejará
indiferente. Si sus 300 conos volcánicos arrasaron campos y
pueblos, no pudieron llevarse sus blancas playas, que esparcidas
por toda su costa, contrastan con las de arena azabache. Las
playas del Papagayo son impresionantes. No dejes de
acercarte hasta la Cueva de los Verdes, el Mirador del Río,
los Jameos del Agua o el Jardín de Cactus, estos tres
últimos realizados por el artista lanzaroteño
César Manrique,
como ejemplo de integración entre arquitectura y naturaleza.
LA GOMERA Y GRAN CANARIA
Acércate a la magia que desprenden estas dos bonitas y
desconocidas islas, donde el tiempo parece haberse detenido.
Reducto
de costumbres ancestrales y de una naturaleza asombrosa,
La Gomera es
una isla única. El exotismo de sus verdes y empinados valles, en
los que cuelgan inverosímiles terrazas de cultivo y miles de
palmeras, atrae como un imán al visitante. Pero lo que más
reclama la atención del turista es su meseta central, donde
crece el milenario bosque de laurisilva envuelto en la neblina.
Es el Parque Nacional de Garajonay el que protege esta
maravilla natural vestigio de la Era Terciaria, que ocupa más
del 10% de la superficie total de la isla. San Sebastián de
La Gomera es la capital de la isla, y el último lugar que
pisó Cristóbal Colón antes de poner rumbo hacia el Nuevo Mundo.
Pero no te olvides de las playas de Santiago, Vallehermoso o
Valle Gran Rey.
Gran Canaria debe
su nombre a los navegantes portugueses porque
según
sus crónicas era la más grande de las siete islas y estaba llena
de canes. En ella puedes encontrar una gran diversidad: zonas
desérticas junto a montañas de frondosidad tropical; abruptos
acantilados frente a extensas playas de arena y escarpados
barrancos contrastan con valles llenos de plataneras. La zona
turística por excelencia de Gran Canaria es Maspalomas,
situada entre el barranco de Tirajana y el de
Arguineguin. Aquí se encuentra el Parque Natural de las
Dunas de Maspalomas, que incluye cientos de montañas de
arena dorada y fina, el Gran Palmeral y la Charca
de agua salada.
Juan Luján.
Periodista. Director de Crónica del Turismo
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