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Hablamos
con
Javier Reverte
Javier
Martínez Reverte es un periodista y escritor de dilatada carrera, que
lleva viajando muchos años, conociendo gentes y paisajes y plasmando todas
sus experiencias tanto en libros y novelas, (por ejemplo, la trilogía que
se desarrolla en Centroamérica: Los dioses debajo de la lluvia, El aroma
del copal y El hombre de la guerra) como en literatura de viajes, con su
fascinante visión del continente negro: El sueño de África y Vagabundo en
África.
Para Javier Reverte el
viajar es huir de la monotonía y conocer gentes y paisajes. La fascinación
del viaje le viene desde niño, cuando las novelas y películas de aventuras
le cautivaron para siempre con esas tierras de hombres, de colores y de
sabores. El lector, junto a Reverte se siente navegar por falúas omaníes
en el Indico o remontando el río Congo en una temible noche en que los
militares acechan.
¿Qué fuerza interior nos impulsa a viajar?
Mucha gente piensa que un
viaje se realiza para huir de algo, y yo mantengo esa teoría. Uno huye de
la monotonía, del estancamiento de la vida cotidiana. Ya lo decía el
escritor inglés Graham Greene "Escribir un libro o viajar permiten huir de
la rutina diaria, del miedo al futuro". Coincido plenamente con él. La
otra causa que nos impulsa a viajar es el conocimiento de gentes,
paisajes, países y monumentos. La curiosidad y el saber son el motor de
muchos viajeros, entre los que me cuento. Lo ideal sería conjugar las dos
cosas, abandonar la monotonía cotidiana y el intercambiar experiencias con
gentes de otras culturas que ven la vida de forma diferente a tí. Viajar
amplía mucho el horizonte de miras y cuando viajas mucho vas acabando con
los dogmas que has arrastrado durante años.
¿Cuál es la diferencia entre un viajero y un turista?
La principal diferencia es
el tiempo. El viajero viaja con más tiempo, no está encajonado por una
fecha de vuelta, cosa que se si pasa al turista. Otra diferencia es que el
viajero no tiene planificada la ruta detalladamente y se abandona a los
caprichos del azar. El turista ya tiene un programa hecho en un tiempo
concreto y sabe de antemano lo que va a ver. El viajero busca lo que no
imagina. De todas formas yo siento un gran respeto por los turistas porque
por lo menos salen a ver que pasa por el mundo y rompen con la monotonía.
¿Qué sensación le produce el ver que hay turistas fotografiándolo todo a
todas horas?
Yo viajo siempre con una
cámara fotográfica, pero no la utilizo en demasía. Me gusta recoger
momentos que luego pueden completar mis reportajes o libros de viajes. Por
ejemplo, las dos portadas de mis libros sobre África son mías. En cuanto
al turista fotógrafo o videómano pienso que muchos ven los países a través
del encuadre de un visor y luego ya en casa se enteran de lo que había
allá por la sabana. Otros turistas realizan el viaje basándose en las
compras, y adquieren todo lo que encuentran a su paso, una forma de viajar
también muy respetable, como la de los turistas que fotografían todo.
¿Cuáles son los pros y los contras de viajar en solitario?
Para mí viajar solo no tiene
nada en contra. Es mucho mejor viajar solo. Incluso en situaciones de
previsible peligro, si vas en grupo siempre hay más posibilidades de que
se líe más el asunto. El viaje en solitario te proporciona una sensación
enorme de libertad, simplemente el decidir lo que vas a hacer ese día o
esa noche sin tener que llegar a un consenso con nadie. De verdad que es
muy gratificante. Además si viajas, como yo, con la intención posterior de
transcribir esas experiencias en libros es fundamental hacerlo sin
compañía. Por ejemplo, esa necesidad de comunicarte con la gente de los
países por los que atraviesas nace de esa soledad del viajero escritor que
ha decidido libremente con quién y de qué hablar.
Me
imagino que decide realizar un viaje para convertir esa experiencia en lo
que se denomina literatura de viajes. ¿Cómo se realiza la transición de
viajero al escritor?
Mis viajes siempre los hago
siempre con un cuaderno de notas, en él apunto ideas mientras las personas
se acercan curiosas y comienzan a contarme cosas y a enriquecer ese
cuaderno. Ya no sé si viajo para escribir o escribo para viajar, no puedo
hacer una cosa sin la otra. Escribir es como detener, mejor dicho,
ralentizar el tiempo, como el viajar, ya en su tiempo lo apuntó Graham
Greene "Viajar detiene el tiempo". Antes de iniciar un viaje me documento
y leo mucho sobre la zona, luego ya in situ tomo las notas en el cuaderno,
por las noches paso las notas a un bloc más grande e incluyo las
reflexiones del día. En España, retomo esas anotaciones y las doto de ese
estilo literario que ayuda a conformar un libro.
¿De
dónde le viene la llamada de África?
Con
los continentes y los países te encaprichas, y los amas igual que a las
mujeres. Nadie sabe muy bien por qué. Antes de ir a África, pasé mucho
tiempo en Centroamérica enviando reportajes periodísticos. En aquel
periodo convulso de guerras y guerrillas, me cautivó el calor de sus
gentes y el nulo valor que se daba a la vida. Se vivía al borde del
abismo, a un paso de la muerte. La fascinación por África me viene de la
infancia; yo creo, como Hemingway, que África nos devuelve a la niñez. Es
el continente literario por excelencia, muchas aventuras que leí de niño y
que Hollywood las trasladó al cine sucedían en África, por eso yo soñaba
con ir allí. En mi libro Vagabundo en África he seguido la estela de El
corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad, cursando el río Congo. Hay una
verdad que es vieja en literatura: la imaginación es una forma creativa de
ordenar la experiencia, y es también maestra de la vida y del arte. Y
África es la prueba de esa verdad literaria.
A
muchos turistas y viajeros les molesta esa sensación de agobio de llegar a
un país subdesarrollado y encontrarte con que todo el mundo te pide algo.
¿Qué cree que se debe hacer, ser dadivoso o negarse a dar "limosna" para
no fomentar la mendicidad?
Eso pasa sobre todo en
lugares muy turísticos. Por donde viajo, yo no suelo tener grandes
problemas de agobio. Con estas personas siempre tengo una actitud de
cortesía, ya que ellos son gentiles conmigo. Normalmente, sólo les
interesa saber de dónde vienes y cómo es la vida en tu país. Yo les doy
algo de dinero o tabaco, y cuando creo que es suficiente les digo que no
tengo más; ahora bien, es verdad que no es lo mismo salvar la curiosidad
de los lugareños en la selva tanzana que el enjambre de personajes que
pululan a tu alrededor en el zoco de Rabat.
¿Para descubrir esos mundos recónditos a los que
acude el escritor viajero, son útiles los libros de guías o es mejor
llevar libros de viaje alusivos a las zonas a recorrer?
Por lo general, las guías
tiene una duración de dos años, por lo que su información caduca
rápidamente. En países africanos, las informaciones sobre aduanas, rutas y
otras cuestiones fundamentales pueden cambiar de la noche a la mañana. Una
guerra o una catástrofe natural lo transforma todo. Yo leo las guías en
casa y tomo nota de datos fundamentales y me llevo literatura de viajes
que describen reflexiones y el alma de esos parajes. Ahora mismo, estoy
preparando un libro sobre Grecia y Turquía y me he interesado en saber
como las descubrió y sintió Henry Miller hace muchos años.
Juan Luján.
Director de Cronitur

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