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La
isla bonita
Menorca, la isla más orie ntal
de las Baleares, aún esconde celosa sus tesoros al turismo masivo. Su
costa abrupta, profundos barrancos y sus calas frondosas la hacen, sin
embargo, un lugar excepcionalmente hermoso y sencillo de visitar. Además
podrás ver cómo se hace y cura el queso de Maó y salir de marcha por el
animado puerto Ciutadella. Incluso, puede que algún menorquín te invite a
gozar de su comida tradicional en un “lloc”, una de las muchas granjas que
aún continúan trabajando y conservando así el carácter acogedor de la
isla.
Maó
se alza sobre los abruptos acantilados que bordean el puerto. Desde
“s’altra banda”, la otra orilla del puerto, tenemos una vista deslumbrante
de Maó y Es Castell.
Mientras paseas por Maó percibirás un
cierto sabor inglés por los detalles en la arquitectura de sus casas y en
sus calles que recuerdan los más de cien años de colonización británica.
Para remontarnos aún más en la historia, el Ateneo Científico, Literario y
Artístico dispone de una buena colección de fósiles. En la Iglesia de
Santa María, situada entre el edificio neoclásico del Ayuntamiento y el
centro comercial, se halla uno de los tesoros de la ciudad: un órgano de
3210 tubos con el que se interpretan frecuentes conciertos públicos.
Es
Castell es visita obligada por su pequeño puerto, Cala Fonts. Este lugar
es muy curioso porque las viejas cuevas donde antes los pescadores
guardaban sus barcas se han convertido en tiendas, animados bares de copas
o en restaurantes donde se sirven pescados frescos y langosta.
Las
Taulas son el secreto mejor guardado de Menorca. Su significado aún no
está descifrado, pero se alzan majestuosas en las llanuras de esta isla.
¡Descúbrelas a lo largo del camino!.
Al abrigo de la gran bahía verde de
Fornells existe un pueblo formado por casitas de dos pisos como
máximo: blancas, de tejados rojos y pequeñas barquitas o “llauts”
amarradas a su costa. Fornells es un pueblo de pescadores perfecto para
practicar deportes de vela o hacer submarinismo, pues sus aguas tranquilas
son adecuadas para ello. Y después de hacer deporte, nada mejor que probar
la mejor Caldereta de langosta del mundo con productos que van del mar
directamente a la cazuela.
Mercadal es un
pequeño pueblo situado en el corazón de la isla, a los pies de Monte Toro.
Éste es el punto más alto de la isla, con 360
metros
de altitud, y aunque hay que reconocer que no es mucho, basta para que
desde su cima se pueda ver toda la isla. Si la atmósfera está clara puede
verse también Mallorca. La peña del indio anda cerca, a una media hora de
Es Mercandal… ¿has visto su perfil? Para reponer fuerzas puedes entrar en
una de sus pastelerías, donde se fabrican los “amargos” y “carquinyols”,
dulces típicos de yema de huevo y almendras.
Macarelleta
es una pequeña playa nudista. Para acceder a esta cala hay que ir por un
camino de rocas desde la Cala Macarella. Reconoceréis el camino porque hay
un tronco de árbol colocado en horizontal en el que se lee “nude”
(nudista). Parece que nos trasladáramos al Caribe porque el agua tiene
unas tonalidades turquesas que hacen de esta playa todo un paraíso.
En
Ciutadella no podemos dejar de pasear por las callejas estrechas y
tortuosas, de pavimento de piedra, de su casco antiguo enclaustrado en una
muralla. Su puerto, al que se llega por la cuesta Marina (junto al
Ayuntamiento) es un mar de tranquilidad durante el día. En cambio, por la
noche el bullicio y la diversión llegan a Pla de Sant Joan, zona de pubs y
discotecas, donde podrás disfrutar hasta altas horas de la madrugada.
Receta típica
Caldereta de langosta
Ingredientes (para 4 personas):
1,6 kg. Langosta (viva y mejor en una sola
pieza), 1 ud. cebolla grande, 1 ud. tomate (grande y maduro), 2 dientes de
ajo, 1 manojo de perejil fresco, 5 dl. caldo de hervir la langosta, 100
gr. salsa de tomate (muy concentrada y colada), 2 cucharadas soperas de
brandy, 16 rebanadas pan pagés, 2 dl. aceite de oliva, agua, sal y
pimienta
Atar la langosta y meterla en agua
hirviendo. Dejar que se cueza durante 5 minutos. Apartar del fuego y dejar
enfriar. Trocear con las manos de manera que cada comensal tenga un trozo
de cola y patas con trozos de cuerpo.
Pelar la cebolla, el tomate y los dientes
de ajo. Lavar el perejil. Picar todo muy menudo y por separado. Calentar
el aceite en una cazuela de barro grande y hacer un sofrito con la
cebolla; remover constantemente y cuando esté blanda, agregar el tomate y
el ajo. Seguir rehogando hasta que forme una salsa confitada. Es el
momento de poner el perejil y los trozos de langosta. Rehogar 5 minutos.
Regar con 4 tazas de caldo de la cocción, salpimentar y dejar hervir 25
minutos a fuego vivo. Añadir la salsa de tomate concentrada y el brandy;
dejar 5 minutos de cocción, probar la sazón.
Colocar las rebanadas de pan (muy finas) en
los platos y cada comensal las escaldará con el caldo de la caldereta
hirviendo y los trozos de langosta.
Juan
Luján. Periodista. Miembro de FijetEspaña. Director de Crónica del Turismo
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