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Por el norte de Tenerife

Toda la isla de Tenerife es un paraíso con sus extensas y limpias playas, zonas volcánicas, bosques exuberantes, desiertos, etc. y unos pueblos y ciudades con personalidad propia pero influidos por el gran número de culturas que se asentaron en la isla. Todos estos paisajes tienen siempre como referencia el espectacular volcán del Teide, que todo lo domina. Recorreremos la costa norte, la más verde y turística de la isla.

Nuestro punto de partida es la ciudad de Tacoronte, ciudad eminentemente agrícola, de fértiles campos, sus onduladas colinas abrigan los viñedos que producen sus famosos vinos tintos. La antigua capilla de Las Angustias es, hoy, el Santuario del Cristo de Tacoronte, hermosa talla policroma de siglo XVII. En su iglesia parroquial se guarda una imagen de la Virgen del Carmen, obra de Luján Pérez. En un viejo y singular edificio de 1685, La Alhóndiga, se celebran anualmente jornadas vitivinícolas y concurso regional de vinos, desde 1978. El litoral de Tacoronte, impresionante escarpado, recoge en su base tranquilas calas, como la del Pris, y atrevidas construcciones turísticas. Al igual que sus vinos, son afamados sus restaurantes y casas de comidas. A escasos dos Km nos encontramos pegado a la costa, El Sauzal. Es este un pueblo pintoresco, muy cuidado, donde existen hermosas muestras de la arquitectura tradicional canaria; un pueblo dedicado a la agricultura a la que sus habitantes dedican una especial atención. Buenos vinos y famosas casas de comidas típicas. En su término municipal se encuentra la Cueva de los Viejos, habitáculo guanche localizado en un pliegue del acantilado. Entre sus monumentos más importantes, destacan la ermita de Los Ángeles y la iglesia de San Pedro, ambos del siglo XVI. Cuenta con un auditorio donde se suelen representar los más importantes espectáculos que llegan a la capital y a La Laguna. Continuamos por la C-820 y enseguida aparece La Matanza de Acentejo. Su nombre nos recuerda la derrota de los españoles a manos de los guanches en una feroz batalla librada en el barranco de Acentejo. Los vinos de esta zona se encuentran entre los mejores de Tenerife y existen múltiples bodegas donde atestiguarlo.

Como continuación de La Matanza nos encontramos con La Victoria, el nombre de esta población es recordatorio del triunfo de los conquistadores sobre los guanches. Tierras altas y verdes, maizales, viñedos y, en la zona baja del municipio, plataneras. Aquí podemos encontrar la ermita de Nuestra Señora de las Victorias que ordenó construir el adelantado Fernández de Lugo. El vino de la zona, como todos los del área denominada Tacoronte-Acentejo, es excelente Una vez pasado el pueblo de La Vera, única salida al mar del municipio de La Orotava, alcanzamos Santa Úrsula. Este es uno de los municipios que han servido de expansión natural al turismo del Puerto de la Cruz. Sus restaurantes y merenderos son muy populares. La zona de La Quinta Roja, hacia la costa de Santa Úrsula, es de las más bellas de la isla, con una increíble vegetación. Es de interés la cueva del Mencey Bencomo, verdadero balcón natural sobre el Valle de La Orotava y la zona de la Tosquita-Corujera. Tomamos la autopista de la costa y nos dirigimos al Puerto de la Cruz. Principal núcleo turístico del norte de la Isla, situado en la costa del valle de la Orotava al pie del Teide, disfruta de un clima benigno durante todo el año. Pionera y decana del turismo en Canarias, fue declarada "De Interés Turístico" en 1955. Ciudad cosmopolita con espléndidas instalaciones balnearias como el complejo de piscinas Costa de Martiánez con su gigantesco lago artificial, obra del artista lanzaroteño Cesar Manrique. En el Puerto de la Cruz coexiste lo moderno y funcional con los típicos y viejos rincones del pequeño pueblo de marineros que fue en sus comienzos. Rincones como San Telmo, la Casa de la Aduana, el Castillo de San Felipe y, en general, toda La Ranilla. El Parque de Taoro, donde se halla situado el Casino, es una vasta extensión vegetal sobre la ciudad y el Jardín Botánico, que data de 1788, alberga plantas y especies procedentes de los cinco continentes. El Puerto de la Cruz es el lugar preferido de cita y de diversión en la Isla.

Hacia el interior encontramos un punto obligado de parada, el valle de la Orotava.

La Villa de la Orotava se extiende sobre el intenso valle de plataneras del Valle que lleva su nombre. Se distingue esta vieja población por la magnificencia y monumentalidad arquitectónicas, por su empaque señorial y por la personalidad de sus umbríos patios canarios, plazas y casonas de rancio abolengo. El casco antiguo de la villa, declarado, en su totalidad, monumento de interés histórico artístico nacional, requiere una detenida visita. La parroquia de Nuestra Señora de la Concepción es, también, monumento nacional. Las Casas de los Balcones son una joya del estilo tradicional isleño. En ellas se ubican el Centro de Documentación e Investigación de la Artesanía de España y América, y el de Artesanía Eladio Machado. En los montes de La Orotava se extiende una larga red de senderos turísticos, lo que facilita la realización de numerosas excursiones, donde alguna de ellas culmina en el Gran Circo de las Cañadas del Teide, Parque Nacional. Cuenta la villa también con un jardín de introducción y aclimatación de plantas -la Hijuela del Botánico- con unas 100 especies distintas, en su mayoría tropicales y subtropicales, procedentes de América del Sur y Central, África y Australia. También se encuentra en el centro del casco urbano, el Jardín Victoria, zona verde y recreativa, amplios paseos y gran variedad de árboles y flores y con su famoso Mausoleo de Mármol de Lyon realizado por el arquitecto francés Adolph Coquet en 1882.

A la sombra de la alta cordillera que forman las faldas de las Cañadas del Teide, se encuentra la localidad de Los Realejos, que ha ido ganando en importancia y habitantes durante los últimos años. Municipio de origen eminentemente agrícola, rodeado de grandes extensiones de plataneras, hoy es una prolongación del Puerto de la Cruz en lo turístico y, en su territorio, hay hoteles y urbanizaciones de primera categoría. Su iglesia de La Concepción posee un magnífico retablo barroco y pila bautismal labrada en jaspe. También cuenta con el templo más antiguo de la Isla, la parroquia de Santiago, construida en 1498. En la costa de Los Realejos, hay una bonita playa de arenas negras, la del Socorro, y en sus alrededores, paisajes de gran belleza, como la Rambla de Castro. Continuamos de nuevo pegados a la costa y pasamos por San Juan de la Rambla, bella y alargada población a la orilla del mar, en una costa de acantilados que alternan con reposadas ensenadas, donde abunda la pesca. El barrio marinero de Las Aguas conserva un peculiar encanto. Dispone de un núcleo histórico-artístico situado en la plaza de la iglesia. En el interior se encuentra La Guancha, población agrícola con tradicionales inquietudes culturales. Su templo parroquial es del siglo XVII y tiene los alicientes de su barroco altar mayor y algunas imágenes de hermosas. Las pistas forestales, con miradores, las insólitas perspectivas que el Teide ofrece desde estos parajes, convierte la zona en muy atractiva para los amantes de las excursiones y la fotografía. Los vinos de La Guancha, dorados y de peculiar sabor son muy apreciados. De nuevo en la C-820 y por la costa, arribamos a la importante villa de Icod de los Vinos.

La ciudad, enclavada en un valle muy fértil, nos ofrece desde sus calles y rincones, la más impresionante perspectiva del Teide, densos pinares descienden desde la cumbre hasta los barrios más altos de Icod, auténticos belenes colgados de las laderas. Las plataneras, la fruta y la vid, dan lugar a un pujante comercio. Fundada en 1501, la ciudad es un cúmulo de casas señoriales, antiguos palacetes, templos y conventos. Son de destacar, la Iglesia de San Marcos, de portal renacentista y retablo barroco; San Agustín, San Francisco y la Plaza de la Pila, rincón artístico-arquitectónico de muy personal expresividad. Aquí se halla el drago milenario, auténtico prodigio del mundo vegetal. Merece una visita también el Museo de Arte Sacro. La playa de San Marcos, recogida y segura, es muy concurrida. Abandonamos Icod y la C-820 para coger la carretera que va pegada a la costa. En apenas 2 Km. alcanzamos Garachico, que junto con Buenavista y Los Silos forman la llamada Isla Baja.

En la villa de Garachico pervive un denso sabor histórico y se perciben una paz y un sosiego indescriptibles. Hasta 1706, fecha en que fue violentamente arrasada por una erupción volcánica, fue el principal puerto de Tenerife. Se encuentran en Garachico monumentos de gran interés, como el Castillo de San Miguel, las iglesias de Santa Ana y Nuestra Señora de los Ángeles, y los conventos de Santo Domingo y San Francisco. Prácticamente toda la villa es un museo viviente. La popular romería de San Roque ha sido declarada de interés turístico nacional.

Por la carretera de la costa aparece el pueblo de Los Silos. En su costa, se han construido algunos complejos turísticos, junto a instalaciones balnearias. En su iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Luz se venera una talla del Cristo de la Misericordia del siglo XVII. En la zona costera se encuentran establecimientos donde se sirven exquisitos pescados propios de esta parte del litoral, además de abundante, es de magnífica calidad. Una vez pasado Los Silos llegamos a el último pueblo de la ruta, Buenavista del Norte.

Situada en el extremo de la vertiente noroeste de la isla y en una llana extensión de cultivos de plátanos y frutales, desde la que se llega al pétreo macizo de Teno, con profundos tajos y calas casi inaccesibles El territorio de Buenavista del Norte, en un 85% se encuentra calificado dentro de la Ley de espacios Naturales. Abarca más del 70% del Parque Rural de Teno. La superficie total del parque es de 7.647 hectáreas. Sus grandes macizos y enormes praderas surcadas de profundos barrancos rodean de belleza inigualable este trozo de tierra, lo que admiró a los conquistadores y colonizadores del lugar, por ello se llamó a este pueblo Buenavista. Este lugar empezó a formarse en el s. XVI, nada más iniciarse el proceso de colonización de Tenerife. En el transcurso del s. XVII fueron frecuentes los ataques de piratas ingleses y bereberes a las costas del pueblo, así como una plaga de langosta en 1659. El último gran acontecimiento de Buenavista sucedió el 22 de junio de 1996, al ser devastada por las llamas la Iglesia de Nuestra Señora de los Remedios, con lo que se perdió un legado extraordinario: artísticos retablos artesonados mudéjares policromados y tallas de incalculable valor artístico y espiritual, entre ellas una interesante talla, obra de Alonso Cano, que representa a San Francisco. Además la villa conserva casas solariegas de los siglos XVII y XVIII.

Luis de Alarcón. Periodista