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Puerto de la Cruz, sabor a familia en Canarias

Pasear por el Puerto de la Cruz, ciudad norteña de la isla de Tenerife es como estar en casa. Sus amplios paseos, sus calles estrechas, sus concurridos restaurantes, sus mil y una tiendas de artesanía, sus gentes afables, su ambiente playero de día y la música en vivo de sus noches, hacen del Puerto de la Cruz un lugar ideal para pasar las vacaciones, incluso si viajas solo.

Para hospedarte puedes elegir o bien el centro de la ciudad, en donde encontrarás la comodidad de que caminando puedes llegar a cualquiera de sus rincones y sitios de interés, o bien en sus alrededores, en los que la tranquilidad nocturna es mayor y cuentas con transporte público cada 10 0 15 minutos, no sólo para bajar hasta el centro sino también para visitar otros lugares de la llamada “Circunvalación del norte” que incluye los municipios del Puerto de la Cruz, los Realejos y La Orotava. Por supuesto, desde el Puerto de la Cruz salen “guaguas“ hacia cada municipio de la isla.

Pero quedémonos de momento en el Puerto de la Cruz. Imaginemos que estamos en su centro mismo, en la Plaza del Charco. Esta plaza, que fue remodelada hace muchos años, cuenta con diversos lugares donde tomarse un cafecito mientras los niños juegan en el pequeño parque recreativo, o donde saborear unos deliciosos helados naturales de variadísimos sabores. Puedes sentarte en uno de sus bancos y observar como las palomas y tórtolas juguetean en la fuente central mientras los más pequeños van y vienen con su jolgorio.

¿Te apetece caminar?…

Pues desde esta plaza tenemos varias opciones. Puedes encaminar tus pasos hasta el pequeño muelle pesquero y subir hasta el paseo que bordea la costa hasta llegar a Playa Jardín. Allí verás batir las olas contra las rocas y sentir la fuerza del océano Atlántico.

 

 

O bien puedes subir la escalinata que te dirigirá hasta la Iglesia de la Peña de Francia, por donde antes pasarás por una pequeña ermita dedicada a San Francisco y que suele estar abierta a quien la quiera visitar. En la Plaza de los Reyes Católicos se encuentra la Peña de Francia. Si paseas de noche por esta zona, podrás escuchar interpretar en directo los preciosos boleros que llenan de romanticismo el aire portuense.

Un poco más allá llegarás al Paseo de San Telmo, a través del cual llenarás tus pulmones de aire de mar y que te conducirá directamente hasta el Lago Martiánez. En este completo complejo de piscinas de agua salada podrás pasar un estupendo y refrescante día al sol.

 

Si al llegar al Paseo en vez de caminar por su suelo empedrado optas por bajar por la calle del Ayuntamiento, llegarás hasta la Plaza de Europa, donde podrás visitar el Penitente o tener una preciosa panorámica del puerto pesquero.

Pero en este Puerto de la Cruz aun quedan sitios por visitar, como la parte antigua, conocida como La Ranilla, Playa Jardín y sus tres playas a elegir dependiendo del tipo de arena volcánica que prefieras y la fuerza del mar que seas capaz de soportar, y el Loro Parque, donde podrás disfrutar de una jornada inolvidable entre delfines, leones marinos, cocodrilos, tigres, loros y otras especies. No te pierdas el pingüinario o el acuario, en el cual pasarás por un túnel de cristal mientras tiburones, mantas y otras variedades de peces pasan por encima de tu cabeza.

Esto no es sino un aperitivo de lo que puedes encontrar y sentir en esta encantadora ciudad tinerfeña. El Puerto de la Cruz es un lugar acogedor donde respirar la vida moderna pero sin que resulte frenética y donde el mar, con su poder sanador, hipnotiza tu mirada y te ayuda a recordar que la libertad existe y que, a veces, sólo es cuestión de que nos paremos un momento a meditar. Y todo esto siempre bajo la atenta mirada de Echeyde, el gran padre Teide.

Juan Luján y Guzmán. Periodista. Director de Crónica del Turismo. Miembro de FijetEspaña