Juan Luján. Director de Crónica del Turismo
Gen aventurero
Ahora resulta, que dos
estudios paralelos realizados en Estados Unidos y en Israel determinan que
hay individuos que pueden tener un gen que los determina a ser unos
aventureros natos. Ni más ni menos, que el cromosoma 11, hay una secuencia
particular de ADN en el que está situado el gen D4DR. Este gen, de nombre
tan frío, es el gen aventurero, aquel que quien lo lleva tiene muchas
posibilidades de comportarse arriesgadamente buscando la aventura. Ya hay
quien dice que el aventurero no se hace sino que nace. Nos ahorraremos el
aburriros con la arquitectura del cromosoma o de como el gen aventurero
hace que el cerebro reaccione de forma diferente a la dopamina o sea
aquella sustancia química que transmite al cerebro diferentes sensaciones,
como el placer o la comodidad. Toda esta disquisición de divulgación
científica la comentamos, porque cada vez observamos más, como un enorme
cajón de sastre aquello que llamamos Turismo de aventura, que en lugar de
consolidar este sector especializado, lo desvirtúa. Como mínimo hay dos
grandes familias de actividades de Turismo de aventura: por un lado hay
aquellas actividades que las practican consumados deportistas, de una
juventud exuberante en la que el riesgo casi es una filosofía de vida y
que buscan experiencias nuevas; y por otro lado, hay aquellas actividades
para un turista inquieto, que no tiene ninguna preparación física pero
que quiere disfrutar de una experiencia nueva y gratificante. Dicho de
otra forma, hay un Turismo de aventura para aventureros con preparación
física y deportiva, y también hay un Turismo de aventura de carácter
familiar capaz de contentar a todas las edades y que permite disfrutar de
una forma tranquila la Naturaleza. A veces cuesta delimitar bien estas
dos ofertas, que precisamente por los diferentes públicos a las que van
orientadas necesitarían una estrategia de marketing diferente. Pero esto,
en realidad, no se practica. Por ejemplo en cualquier feria del sector,
cuando se habla de Turismo Activo, la mezcla de ofertas es constante, y en
un mismo tablón de anuncios son capaces de promocionar el Barranquismo con
un barracódromo natural o artificial donde se puede practicar la
escalada, el rappel y el descenso de montaña; al lado de un turismo de
aventura a través de casas rurales con actividades -algunas veces- propias
de un turismo de tercera edad. No hay duda que el usuario, el público en
general y el turista potencial -tanto el externo como el interno- habría
de saber diferenciar perfectamente las ofertas, pero esta visto que las
promociones conjuntas, sobretodo la que hacen algunos organismos
institucionales, llevan a unas confusiones enormes que a veces conducen a
creer que el turismo es sólo para unos rambos con ganas de riesgo al
límite.
Cuando resulta que los
padres, los abuelos y los niños, todos juntos y sin necesidad de una
preparación, ni física ni psíquica, pueden participar de un Turismo de
aventura hecho a medida casera. Porque es sabido que el gen D4DR no
funciona con todos y los técnicos de marketing y los comerciales habrían
de saber posicionar, promocionar y vender mejor el turismo de aventura
tranquila, digamos familiar.
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