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Juan Luján. Director de Crónica del Turismo

 

Nuestro turismo: ¿un vaso medio lleno o medio vacío?

A nadie se le escapa que, nuestro sector turístico, a pesar de sus fortalezas, está amenazado por debilidades. Tales debilidades no sólo tienen carácter coyuntural a causa de la actual crisis socioeconómica que afecta, aunque sea con distinta intensidad, a nuestros clientes reales y potenciales. También tiene nubarrones estructurales que afectan a nuestro actual modelo turístico, precisamente en un momento en el que se van consolidando otros destinos turísticos alternativos.

Según el último informe de Exceltur, las empresas turísticas sufren una caída de ventas y beneficios. Todo ello aderezado por una disminución de la estancia media y un menor gasto turístico. Tal constatación afecta al sector de alojamiento, pero de una manera mucho más intensa a la denominada oferta complementaria.

Lógicamente tal situación es preocupante y puede tener su máxima expresión al concluir la temporada turística en forma de aumento del paro, así como posibles cierres (¡algunos ya se están produciendo en plena temporada!) de pequeñas/medianas empresas, especialmente dentro del amplio y diverso abanico de la oferta complementaria. Pero, al menos en teoría, tal situación podría remontarse a partir de una cierta superación de la actual crisis socioeconómica. Sin embargo coexisten otros síntomas más relevantes y significativos.

En primer lugar, a pesar de los pesares y más allá de las buenas intenciones y palabras, la estacionalidad sigue estando instalada entre nosotros ¿Tenemos productos turísticos adecuados para atraer visitantes fuera de los estrictos meses veraniegos? Si los tenemos ¿cuáles son?, ¿a qué segmentos de los mercados van dirigidos?, ¿tenemos voluntad y capacidad de ponerlos en valor?, ¿qué acciones de promoción y comercialización desarrollamos, incluido Internet?

En segundo lugar, aunque el atractivo básico sigue siendo "sol y playas" (¡lo que no es negativo!) es imprescindible incluir nuevos valores añadidos en torno a nuestro patrimonio natural/medioambiental y a una oferta complementaria más rica y variada; así como emprender acciones profundas de reconversión de determinadas zonas turísticas excesivamente maduras. Si escuchamos la voz de nuestros visitantes, podremos concluir la existencia de una tendencia a disminuir su grado de satisfacción. En general regresan relativamente satisfechos, pero con matices.

La satisfacción referida al hotel es adecuada. No así de los entornos urbanos y medio ambientales: limpieza, ruidos. Los servicios públicos son muy mejorables, así como la diversidad y la relación precio-calidad de la oferta complementaria. En conclusión, se percibe un cierto agotamiento de nuestro producto. ¿Qué acciones estamos emprendiendo para mejorar nuestros entornos y diversificar nuestras ofertas?

Para finalizar voy a incluir un nuevo riesgo preocupante: la crisis de las compañías aéreas (¡no sólo Spanair!). La primera consecuencia, sin duda, es la importante reducción de sus plantillas. Pero hay otra. La reducción de sus vuelos (¡no sólo Spanair!) puede causar una posible disminución de las conexiones entre los principales países emisores y nuestro país. No se olvide que un valor añadido importante (¡decisivo en algunos casos!) de nuestro destino es la facilidad de comunicación con y desde nuestro territorio.

Nuestro sector turístico tiene puntos fuertes y débiles, fortalezas y debilidades. Es imprescindible que desde la iniciativa pública y privada (el producto turístico es una necesaria simbiosis entre ambas) se pongan en acción partiendo de un diagnóstico adecuado, tomando medidas operativas a corto/medio plazo sin olvidar el objetivo estratégico de modificación profunda de nuestro vigente modelo turístico.