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Juan Luján. Director de Crónica del Turismo

 

Pincha el turismo

Los avances de datos de la temporada turística de verano son desfavorables, más de lo esperado y temido. Durante el mes de julio la entrada de turistas extranjeros apenas superó los siete millones, un ocho por ciento menos que el año anterior, una cifra similar a la alcanzada el 2004. Durante los siete primeros meses de este año, los números no han sido tan negativos como los de julio, pero lo importante es la tendencia -el dato mensual es más relevante que el interanual- que incluye cifras correspondientes a la fase alta del ciclo, que ahora sólo es historia. Lo que esta campaña de verano pone de relieve es que vamos hacia atrás, que la crisis no ha hecho más que empezar.

Los datos de estancamiento económico de los países europeos eran desesperanzadores. Y como la base principal del turismo español procede de los grandes países europeos de la UE, si las rentas disponibles de sus ciudadanos no van bien, el gasto en vacaciones mermará considerablemente. La factura la paga la industria turística española, que no coloca su oferta, que ha crecido sensiblemente durante los últimos años y que ahora tendrá que competir en precios y ofertas. El turismo significa una ventaja comparativa de la economía española respecto a sus competidoras. Aporta directamente más del 10 por ciento del PIB y un porcentaje aún mayor en términos de empleo, ya que se trata de una industria intensiva en mano de obra. Pero es una industria que depende del ciclo económico general y que en las etapas de estancamiento y recesión se encoge más que la media. Tampoco parece que el turismo local sea capaz de suplir la oferta que no llega del exterior: las expectativas de los consumidores españoles son tan desfavorables o más que las de los vecinos del norte.

El vicepresidente Solbes insinuó días atrás que, durante el tercer trimestre, el crecimiento del PIB español sería más lucido por la campaña turística. Tendrá que ir despidiéndose de esa hipótesis optimista. Si los datos de agosto confirman la caída del turismo internacional, las posibilidades de que el PIB del tercer trimestre no pase de cero son muy elevadas. La burbuja inmobiliaria estalló hace un año y con el fallo de ese motor la economía española perdió toda la ventaja que sacaba a la media europea. El pinchazo del turismo significa que el otro motor diferencial y relevante de la economía española deja de funcionar correctamente y de aportar crecimiento.

El hecho de que el ministro de Industria y Turismo, Miguel Sebastián, se reúna urgentemente con el secretario de Estado del ramo, no es noticia ni aporta nada al crecimiento del sector y a la confianza del mismo. El gasto en vacaciones forma parte de las opciones de las familias, pero no de sus necesidades básicas. Cuando el sector turístico advertía meses atrás que el encarecimiento de las hipotecas en España y en Europa afectaba a sus expectativas constataba un hecho evidente. Las consecuencias se ven ahora, cuando la oferta turística pierde clientes. El sector turístico español es masivo y selectivo, uno de los más potentes y competitivos del mundo, pero necesita reestructuración y actualización. Precisa una mejora de la oferta para, sin perder oportunidades en el turismo de sol y playa, ganar espacio en los segmentos de calidad tanto en vacaciones como en ocio no estacional dirigido a distintos segmentos de clientela. Poco se ha hecho en ese ámbito de la modernización de un sector clave y de nada vale ahora lamentarse o negar la evidencia de que el turismo no está estancado -datos medios del año-, sino en retroceso -datos del verano y tendencia inmediata-. Con ese retroceso del turismo es improbable que el empleo y el PIB crezcan; lo previsible son cifras negativas, es decir recesión a la vista.