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 Juan Luján. Director de Crónica del Turismo

El mercado aéreo se mueve al ritmo de operaciones de integración

El sector aéreo va a tener que hacer frente a la tercera revolución en lo que va de década: la primera de ellas comenzó el  11 de septiembre de 2001. Los atentados del World Trade Center cambiaron para siempre los parámetros de seguridad de las compañías. Las aerolíneas norteamericanas entraron en una crisis de la que, las supervivientes, comienzan a salir actualmente. Cientos de empresas del sector cerraron y se perdieron miles de empleos.

Pocos años después fue el turno del bajo coste. Las low cost irrumpieron en el mercado como un rinoceronte en una cacharrería.

Volar por primera vez era asequible para todo el mundo. El coste de este ahorro fue importante: los derechos y servicios en vuelo de los consumidores se redujeron al mínimo. A cambio, la oferta de vuelos para los clientes se multiplicó de forma exponencial. Tras una etapa de negación, las aerolíneas tradicionales se vieron obligadas a imitar las estrategias fijadas por el bajo coste. El modelo de aerolínea que cubría desde los vuelos locales a los intercontinentales quedó obsoleto. Llegó la hora de la especialización.

En los próximos meses las aerolíneas tendrán que volver a afrontar un nuevo cambio en las reglas del juego de su mercado. Desde que el barril de brent superó los 100 dólares (actualmente cotiza por encima de los 115 dólares, pero llegó a superar los 146), las alarmas están disparadas: la estructura de costes de las aerolíneas era insostenible si el combustible suponía el 30% de sus costes.

Esta escalada en sus gastos ha hecho acelerar el proceso de consolidación en el sector. El camino marcado por Air France-KLM, que comenzaron su proceso de fusión en mayo de 2004, ha sido seguido por los grandes grupos mundiales. Tras una década de noviazgo, el 29 de julio Iberia y British Airways anunciaron que iban a formalizar su relación, con lo que se crearía el tercer grupo aéreo por ingresos.

En los próximos meses, además de cerrar su reparto accionarial, tendrán que fijar sus lazos con American Airlines, primera aerolínea del mundo antes de la fusión entre Northwest y Delta, con la que el matrimonio pretende crear la primera gran asociación trasatlántica.

Durante los próximos meses las empresas y los órganos reguladores marcarán los repartos de poder del gigante.

Pero la consolidación no va a ser sólo cosa de las aerolíneas de bandera. Vueling y Clickair, compañías de bajo coste nacionales cuyas pérdidas han obligado a fusionarse, deberán fijar el nuevo modelo que les permita tomar la senda de la rentabilidad. Un objetivo complejo (entre ambas perdieron 100 millones en 2007) que mostrará el rumbo a seguir entre sus iguales. Ryanair y easyJet, no pasan su mejor momento y también se espera que tomen medidas de altura ante la crisis. Otros jugadores como Lufthansa y el proceso de venta de Austrian Airlines, deberán elegir pronto pareja de baile si no quieren quedar descolgadas