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No, a la nueva Ley de Ordenación del Turismo
Los estudios juiciosos ponen de manifiesto que la solución no está en construir más alojamientos turísticos. El espíritu de la Ley de Moratoria fue muy acertado y justo. Pero las tremendas dudas y los frágiles y débiles planteamientos jurídicos iníciales dieron lugar a un resultado contrario al deseado. Se construyeron a contrarreloj, sin planificación, ni análisis de los mercados, 200.000 nuevas camas. Esta ley que se puso en práctica malamente, consiguió algo inaudito a su buen espíritu. Por lo tanto, si las matemáticas no fallan disponemos en la actualidad de 550.000 plazas turísticas “legales”. Efectuando los cálculos oportunos, con la cifra de turistas, su estancia media y el número de camas, arroja el fatídico informe de ocupación: 50% anual. Este dato aplastante nos declara que sobran camas o faltan turistas. Los análisis independientes dicen que sobran camas. Por lo tanto de momento, no es conveniente, ni una cama más. Puntualizando que la Ley introdujo y articuló sistemas específicos y singulares para introducir un pequeño número de camas anuales de singularidad demostrada y en lugares específicos con amplios estudios de carga. Por lo tanto, el secreto y el futuro está en ocuparse urgentemente en la búsqueda de incentivos para reformar cerca del 70% de los alojamientos que están obsoletos. Los gobernantes nos prometieron ocuparse en la reforma de la planta alojativa y el espacio turístico. Hasta el momento todo esto se ha quedado en palabras que se las ha llevado el viento. Los intentos de planificar nuestra industria turística se iniciaron con la Ley de Medidas Urgentes de 2001, seguida de la Ley de Ordenación del Turismo. Sus principios filosóficos, reitero, eran excelentes, pero para cerrar este gran círculo era ineludible trabajar en su desarrollo. Adaptándolo al planeamiento y conjugándolo con la sostenibilidad. Hasta aquí, todos los agentes han estado totalmente de acuerdo. Las prioridades tenían que estar en la renovación, la mejora del espacio turístico y no en consumir más suelo, en este pequeño pero grandioso archipielágico. Las consejerías competentes en lugar de desarrollar sensatamente las Directrices y adaptarlas al planeamiento, han tirado por la borda el trabajo de muchos años y han elaborado un nuevo documento de ordenación. Creo prudentemente que se lo han colado al Gobierno de Canarias; el cual lo ha aprobado y ahora trata de ratificarlo en el Parlamento. Lo que puede originar el principio del fin del desorden. En estos instantes tan delicados, la lógica analítica dice que la nueva Ley hay que dejarla sobre la mesa y ocuparse en el desarrollo profundo de las anteriores normas cuyo fin era loable. Esta nueva Ley, haciendo el truco del almendruco, y diciendo nada por aquí, nada por allí… autoriza la concesión de licencias para la construcción ilimitada de hoteles de cinco estrellas, sin más condición que durante cinco años se imparta formación, sin ningún estudio de capacidad de carga del territorio. Por lo tanto se levanta, por la puerta de atrás la moratoria y a la vez esto puede originar la destrucción inmediata de la planta extrahotelera y la hotelera obsoleta, con los consiguientes miles de despidos. Hoy los TTOO venden estancias en hoteles de 5 estrellas Lujo, a precios de 4 y 3 estrellas. Con esta nueva Ley se está condenando la rehabilitación, pues nadie va a renovar hoteles obsoletos; cuando se puede obtener licencias para hacerlos nuevos, con trucos como... quito una y me dan tres o cuatro… sin prácticamente costo. No debemos volver a equivocarnos, tenemos la suficiente experiencia turística para demostrar a nuestros gobernantes que nos estamos jugando el futuro económico de este territorio y por estas básicas razones, ya que esta nueva norma va a regular el futuro desarrollo, debemos considerar que un paso atrás siempre al final proporciona una victoria. Enterremos este documento en el fondo del mar y trabajemos en el desarrollo de las Directrices de Ordenación General y del Turismo de Canarias (2002-2003). Es obvio que no podemos seguir despilfarrando un bien escaso como es el suelo. En los últimos 15 años, el suelo consumido en Canarias por la urbanización y las infraestructuras se ha incrementado en un 23 por ciento. De seguirse con la actual política de consumo del suelo, las Islas lo pagarán muy caro, perdiendo, además, de forma irreversible una de sus principales fuentes de riqueza. Si los canarios pretendemos que el territorio y el turismo sean duraderos y continúen siendo un medio de vida para las futuras generaciones, hay que afrontar un reto que requiere de decisiones firmes y actuaciones urgentes que permitan coordinar una adecuada política de protección del territorio y no impida un modelo de desarrollo sostenible y de calidad. Miguel Ángel González Suárez Presidente Centro de Iniciativas Turísticas de Santa Cruz de Tenerife
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