El Papel
de las Empresas Turísticas en el Medioambiente
Beatriz Román Alzérreca
El
turismo es una industria que continúa creciendo, generando ingresos y empleos
a millones de personas, pero al mismo tiempo incrementando la presión sobre
los recursos naturales. Durante mucho tiempo se ha concebido como una
actividad económica que se puede desarrollar en espacios públicos, primando
una mentalidad poco responsable sobre los recursos que utiliza para su
inversión, lo cual ha provocado en muchos casos una regresión del espacio
natural, trastornos en la flora y fauna, contaminación visual y auditiva,
generación de desechos, incremento del consumo de suelo, agua y energía. En
definitiva, llegando irónicamente a deteriorar los recursos que son base para
su atractivo.
Poco a
poco, este modelo tradicional está siendo sometido a la crítica de sus propios
oferentes y demandantes. L os intentos en favor de mitigar o eliminar los
problemas medioambientales provienen del ámbito privado, especialmente de las
grandes empresas multinacionales, a través de programas de certificación; de
instituciones y asociaciones abocadas a promover, educar y desarrollar un
turismo sostenible; de los gobiernos locales en sus intentos de regular la
actividad y promover la integración social y ambiental en los destinos; de las
Ongs y poblaciones locales que reclaman y ejercen presión sobre iniciativas no
sostenibles y, finalmente, de los propios turistas que poco a poco exigen
viajes más responsables.
No
obstante, tales iniciativas no han sido suficientes. Si bien es cierto hay una
responsabilidad de todos los agentes involucrados en el desarrollo del
turismo, el sector privado tiene una gran tarea por delante, pudiendo revertir
y prevenir muchos deterioros en los destinos.
En
este contexto, el empresariado turístico presenta particularidades propias que
explican la lenta respuesta a participar activamente en la conservación del
medioambiente. Se caracteriza por estar fragmentada y dispersa en pequeñas y
medianas empresas, las cuales cuentan con limitados recursos económicos e
individualmente generan impactos y contaminación a pequeña escala.
Las
empresas que destacan por sus buenas prácticas a través de programas de
certificación o iniciativas individuales como ahorro de agua y energía,
reducción de residuos, utilización y promoción de productos locales,
construcción respetuosa con el entorno, son una minoría dentro del sector.
Los
esfuerzos del empresariado turístico pueden y deben, por tanto, estar
dirigidos a evaluar y decidir cómo y en qué medida aportarán desde sus
respectivos roles a la conservación del medioambiente. La fragmentación dentro
de la industria y la naturaleza dispersa de sus impactos destaca la necesidad
de trabajar en conjunto, alineando estrategias comunes a fin de convertir esta
coyuntura en una oportunidad. Tales actuaciones, tarde o temprano, directa o
indirectamente, se convertirán en un elemento que traerá repercusiones sobre
la economía de las empresas, las cuales cada vez más verán incrementada la
demanda de un turismo más sostenible