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Ni una cama más! Desde hace más de dos décadas he transmitido a nuestros gobernantes y dirigentes políticos cómo funciona el sector turístico; siempre basándome en análisis y razonamientos científicos, en estudios, en estadísticas y sobre todo, en la experiencia de los profesionales del sector, que en Canarias se pueden catalogar como unos de los más cualificados a nivel internacional. Esta tarea siempre ha sido ardua y desagradecida, porque el cúmulo de toda la sapiencia internacional ha servido para poco en este archipiélago. Canarias es uno de los pocos destinos mundiales que ha aprendido a base de dejar muchos cadáveres en el camino e ir fragmentando y quemando territorio. Con fortunio, he constatado cómo en muchos lugares del planeta, donde he impartido conferencias y compartido con los responsables de este gran negocio, éstos han captado la teórica de los expertos y la han aplicado. En Canarias, los expertos en esta materia han sido ninguneados. En este archipiélago atlántico, hasta hace poco tocado por el dedo de Dios, casi todo ha funcionado y ha progresado, por arte divino. Pero presiento que el creador se ha tenido que ir a otro lugar, la magia ha desaparecido, la suerte nos ha abandonado y ahora, hay que ponerse a trabajar. Se ha producido un cambio de ciclo desde que comenzó este milenio. Ya llevábamos siete años turísticos de vacas flacas y según las previsiones parece que no se van a cumplir la profecía. Hace mucho tiempo que el momento del trabajo en serio llegó; es la hora de la unión de voluntades, de la revolución y de poner a cada cual en su lugar correcto. La mayoría de nuestros dirigentes no tienen ni pajolera idea de cómo funciona el sector. En estos próximos años si no se toman medidas urgentes y revolucionarias se va a producir una involución turística en Canarias.
El gobierno regional en esta asignatura hace aguas por todos lados, un día dice que hay que modificar la Ley de Directrices de Ordenación General y del Turismo para flexibilizarla, con el objeto de construir más camas y en definitiva más hoteles, eso sí, de lujo o de cuatro estrellas superior (¿?) y al día siguiente, desdicen lo dicho. ¡Esto no hay quien lo entienda! Tres días después, unos dicen blanco y sus mismos compañeros dicen negro. ¡Tremendo! El índice de paro en Canarias es el más alto del país, en inflación somos los ganadores. En resumen, todos los parámetros turísticos son desfavorables: llegadas, estancias, pernoctaciones, gasto medio etc. No encuentro ningún indicador optimista.
Los máximos responsables de las oficinas españolas de Turismo en Inglaterra, Alemania y los Países Nórdicos ven a Canarias como una propuesta anticuada, con una imagen agotada y con muy serias dificultades. Algo se está haciendo muy mal para que nuestros principales destinos emisores hagan estas observaciones tan mortecinas.
Y ciertamente, créanme que la solución no está en construir más alojamientos turísticos de calidad. En varias ocasiones les he puesto en conocimiento los fríos datos numéricos: aquí están de nuevo. Hoy en día en este Jardín de las Hespérides se reciben unos 12 millones de turistas (extranjeros + nacionales) y tenemos 350.000 camas legales (las ilegales, nadie es capaz de calcularlas, porque son muchas y las autoridades siempre han mirado hacia otro lugar). La moratoria, mal hecha, produjo que se incluyeran en el último minuto unas 200.000 camas más, que ya están entrando en el mercado. Es decir, disponemos de 550.000 camas turísticas legales. Si hacemos un cálculo con la cifra de turistas anuales, su estancia media y el número de camas: arroja el fatídico saldo de una ocupación media inferior al 50%. Por lo tanto, o faltan alrededor de 12 millones de turistas, que supondría recibir anualmente 24 millones, algo quimérico y sin fundamento, o sobran alrededor de la mitad de las camas. Las aplicaciones demuestran que sobran camas, la oferta está sobredimensionada, por lo tanto de momento, ¡Ni una cama más! Eso sí, hay que ocuparse intensamente en la búsqueda de incentivos para reformar cerca del 80% de las plazas turística. Y, ojo con el famoso truco del almendruco: convertir camas turísticas en residenciales. Ya que de éstas últimas hay unos cientos de miles sin vender. Los nuevos establecimientos de cuatro y cinco estrellas se están vendiendo a precios ridículos. Lo que está produciendo que se destruya la oferta extra hotelera y los hoteles de inferior categoría. Nuestros hoteles nuevos y de alta calidad, según los políticos (con gran carencia de conocimiento profundo del asunto y sin querer aprender, porque no es rentable a corto plazo) los estamos llenando de turistas de bajo poder adquisitivo. En resumen, tenemos muy buenas ocupaciones en los pocos hoteles de categoría superior, porque son de última generación, pero con turistas de bajo costo. La obsolescencia de estos es galopante, serán viejos en menos de una década y por otra parte, los de inferior categoría están, en general, casi vacíos. Está claro, que la prioridad inmediata y la palabra clave y mágica es: “renovación y renovación”. No sólo de la planta obsoleta sino también del espacio turístico, complementándolo con la especialización, diversificación y enriquecimiento de la oferta de servicios. Otra de las fases inminentes a desarrollar será impulsar e incrementar la capacidad aérea. Todo esto deberá estar muy bien aderezado con profesionalización, cualificación y la mejor formación del planeta. A los que hemos votado, tendrán, de una vez por todas, que merecer los ingentes sueldos que le pagamos todos los ciudadanos y aplicarse en sus funciones, para evocar los mecanismos que confluyan en este fin fundamental. Y si no es así, necesitamos en Canarias nuevos gobernantes.
Miguel Ángel González Suárez Presidente CIT Santa Cruz de Tenerife
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