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En la
provincia de Salamanca no es difícil el poder seguir, si se
hace con atención, el desarrollo de los grandes ciclos
arcaicos de festejo: el de las estaciones, combinado con las
necesarias siembra y recolección y el propio religioso. En
el calendario a veces, estas celebraciones quedan un tanto
desplazadas de su lugar, casi diríamos meteorológico, por
la atracción de alguna fiesta posterior, de carácter litúrgico
cristiano. Pero su raíz es muy vieja y se hunde en los
entresijos de las convicciones más profundas del hombre
primitivo. Hay que hacer hincapié en ellas, como testimonio
de lo perdurable de unas tradiciones destiladas de los más
viejos estratos de la humanidad.
Mas
repasemos ahora a lo largo del año las fiestas más
destacadas de las que se celebran por toda la geografía
salmantina. Amén de enero, con sus correspondientes
cabalgatas de Reyes Magos, es "febrerillo el loco"
quien nos recibe con las Aguedas, hermosas fiestas en las
que las mujeres gobiernan por un día -¿ es que acaso no lo
hacen el resto del año?-. Acerquémonos a La Alberca o
Miranda del Castañar y contemplaremos a las féminas con
sus "trajes de Vistas" acompañando en procesión
la imagen de Nuestra Señora de la Cuesta, precedida por dos
candelas.
Carnaval
¡Llegó
el carnaval!. En Ciudad Rodrigo, sus carnavales no se
parecen en nada a otros que se celebran en lugares
distintos de nuestra geografía. Es el toro,
protagonista esencial en el discurrir de los tiempos y
precisamente él aplica todas las celebraciones del día.
Hay
encierros, desencierros, festejos en los que los
finalistas del "Bolsín Taurino" matan sus
becerros, y el festival en el que actúa el triunfador
de esa larga selección campera que entusiásticamente
llevan a cabo los "bolsinistas".
El
mirobrigense, cuando la cuenta atrás del Carnaval se
inicia, cuando se barrunta su llegada, todos, niños o
mayores, hombres y mujeres se aprestan a vivir con
intensidad manifiesta unos días en los que el
jolgorio, la alegría y, ¿por qué no decirlo?, la
hospitalidad están al cabo de la calle. No faltan
tampoco las charangas y para matar el frío
aguardiente con "perronillas" y un buen
trozo de "farinato" que llene nuestros estómagos.
En Miranda del Castañar, las mujeres "corren la
gallina" por carnavales, que no es otra cosa que
el enharinamiento de cualquier varón puesto a tiro,
mientras los supervivientes del sexo masculino se
atiborran en sus casas de comida y bebida.
Semana
Santa
No
hay localidad que a su modo no celebre la Semana
Santa. Las procesiones de Salamanca, Peñaranda de
Bracamonte o Ciudad Rodrigo, son excepcionales y
presididas en uno y otro lugar por pasos de gran
calidad. Pocos días después, llega el "Lunes de
Aguas", donde el que más y el que menos, con su
salmantino "hornazo", especie de empanada
rellena de chorizo, lomo o jamón, bajo el brazo, se
marcha al campo para dar buena cuenta de él.
en el Corpus, Béjar adquiere toda la
preponderancia festiva con su procesión, en la que
aparecen los "hombres musgo",
recordando una lejana victoria contra los moros, donde
los hombres cubrieron sus cuerpos de musgo para pasar
desapercibidos.
Verano
festivo
Agosto
y septiembre son los meses más cuajados de festejos,
relacionados algunos de ellos, originalmente, con la
recolección, con el fin de los trabajos del año agrícola
y la satisfacción de la cosecha y su seguridad
alimentaria para el año venidero. Hinojosa del Duero
se lanza a "echar la bandera", en recuerdo
del día en que los lugareños plantaron cara al señor
feudal. El 15 de agosto es la Virgen, y La Alberca se
lleva la palma con la ofrenda y "loa" a
Nuestra Señora. Su sarcasmo, los gestos litúrgicos y
ceremoniales de los actores, la proeza de las
tramoyas, la cadencia de sus textos, el ambiente de la
plaza Mayor repleta de un público enfervorizado y trémulo,
que rompe a aplaudir o a llorar su emoción, todo
ello, suspende el ánimo y eleva al espectador hasta
sublimes esferas de gozo. La ofrenda comienza por el
juez de paz y el alcalde, después los mayorales;
todos ellos hincan la rodilla tres veces inclinando la
cabeza y haciendo la ofrenda. Después regresan a su
puesto sin dejar de dar la cara a la Virgen, no sin
antes arrodillarse otras tres veces.
Luego
le toca el turno de la ofrenda a las mayordomas,
esposas e hijas de los mayordomos, ataviadas con el
traje de vistas. Finalmente acuden a ofrecer los
danzadores y la moza del ramo y en ese momento, el
tamboril comienza a sonar y los mozos chocan los
palos, saltando y girando hasta montar unos sobre
otros y hacer el castillo, mientras las mozas trenzan
las cintas del ramo danzando en un alarde de ritmo y
colorido.
Al
día siguiente, el toque del esquilón convoca a las
gentes en la plaza para que de comienzo la
"loa". Se trata de una especie de auto
sacramental con los mozos y el demonio como
protagonista. Este último hace todo lo posible par
"aguar" la fiesta en honor de Nuestra Señora.
También entran en juego el "gracioso" y San
Miguel. Es "el gracioso" quien introduce la
función, mientras el demonio, dueño y señor de la
escena, se sitúa a lomos de un ser al que llaman
"serpiente", aparato de siete poderosas
fauces cargadas de pólvora. Al final, y después de múltiples
disputas, el Arcángel hará desaparecer a Satanás
por una abertura del escenario dando así por
terminada la representación.
Otoño
Con
la llegada del otoño, le toca el turno a Alba de Tormes,
donde la imagen de Santa Teresa cobra inusitada fuerza en
sus fiestas patronales; y a Salamanca, que también celebra
las suyas en honor a la Virgen de la Vega en los últimos días
veraniegos, con una de las ferias taurinas más largas y
prestigiosas de España. A partir de aquí, el año comienza
a doblar la rodilla, llegan los fríos y las plazas y calles
habrán de ser cruzadas deprisa y al abrigo. Aún así, por
San Andrés, el 30 de noviembre, la gente de Ciudad Rodrigo,
organiza una de las ferias ganaderas más importantes de la
región.
Después
las Navidades; familiares en Nochebuena y extrovertidas y
jaraneras al Fin del Año Viejo.
Después,
un nuevo año comienza y vuelta a empezar
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