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Gastronomía Salmantina

SALAMANCA, ¡toda ella!, ofrece uno de los más variopintos mosaicos culinarios que se pueden imaginar. Hay platos que son de aquí y han servido para que el estómago de los visitantes nos recuerden con algaraza.

Si tuviéramos que hablar de recetas "bandera", sin lugar a dudas no podríamos olvidar nuestra "chanfaina" guiso tradicional en las tierras de matanza -catalogado como comida de pobre- hecho a base de sangre, asadura y arroz.

Recién terminada la Semana Santa, ocho días después del Domingo de Resurrección, se celebra el "Lunes de Aguas". 

Con él se agradecía en el ámbito rural los servicios prestados por los predicadores a lo largo de la Cuaresma y la Semana Santa, y era el momento oportuno para degustar esta especie de empanada, el famoso hornazo, que tiempo atrás, merendaban los ricachones cuando iban a recoger más allá del Tormes a las hetarias, ausentes de la capital a lo largo de todo el tiempo de Pasión.

Metidos ya en fuertes habilidades del buen yantar, ¿por qué no recordar las migas que en su momento fueron desayuno o cena frecuente entre los pastores y familias humildes?.

Comenta la tradición que fueron precisamente los pastores quienes las inventaron para aprovechar el pan duro que les iba quedando en el fondo del zurrón. Una variedad son las "migas canas" que se hacen en la Sierra de Béjar.

Más, es "Don Cerdo Ibérico" uno de los protagonistas de la cocina salmantina; de él todo se aprovecha, ¡hasta el rabo!, y sirve de materia prima para deleitar con un buen plato de sangre frita, hígado encebollado o probadura de matanza, sobre todo si hemos podido asistir a este ancestral rito.

Don Cerdo se nos ofrece también en forma de jamón, longaniza, chorizo o farinato, y, cuando es más pequeño, se introduce en el horno de leña para dejarse asar como Dios manda.

 

La caza y la pesca han servido para hacer pasar buenos momentos a los aficionados, reuniéndolos después de una singular mesa entorno a una buena liebre con patatas o unas truchas escabechadas que están para chuparse los dedos. Por último, no se debe pasar por alto el "calderillo bejarano" o el "cabrito guisado", platos todos ellos, representativos de las frías tierras de la Sierra.