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Para nadie es un
secreto que los caminos de Salamanca, sus pueblos y sus casas, son
todos ellos museos vivos que hablan de la historia, el arte y la
cultura que construyeron sus gentes: pero esta tierra es
suficientemente diversa como para no quedarse con eso solamente.
Salamanca
es también naturaleza viva y agreste, donde los ríos bajan rápidos
desde las empinadas montañas para remansar tranquilos en sus
llanuras, proporcionando recodos donde la chopera invita al sosiego
y a refrescar los calores.
Y es
que Salamanca sorprende siempre, y cuando creemos que sólo vamos a
encontrarnos con dorados mares de trigo, descubrimos el valle de las
Batuecas o los Arribes del Duero o la Sierra de la Peña de Francia,
o las tierras de Alba y Peñaranda.
Como
sorprende que al lado de las urbes modernas existan lugares donde se
ha detenido el tiempo. Y ahí están la Alberca, Mogarraz, San Martín
del Castañar, El Cabaco y tantos otros pueblos con el aroma
indefinido de los siglos en sus calles y plazas.
Hasta
hace pocos años, la motivación principal del disfrute de las
vacaciones del turista, fuera de sus ciudades de origen, eran
aquellos lugares en los que se encontraran los componentes de las
tres "S": "Sun", Sand and Sea" (Sol, Arena
y Mar), que más faltaban en sus residencias habituales, a precios
tentadores para sus posibilidades.
Hoy
ya no ocurre esto. Existen "otras prioridades" que vienen
dadas por el cambio cualitativo del sistema de vida de los
ciudadanos del mundo desarrollado. Para que todo esto sea lo
suficientemente conocido, presentamos esta web-site en la que se
conjuga una visión de conjunto de la oferta turística salmantina.
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